Cuando el territorio tiembla, la solidaridad también se organiza
El 10 de agosto de 2026, a las 7:34 de la mañana, un sismo de magnitud 7,4 con epicentro cerca de San José del Palmar, Chocó, sacudió buena parte del país. El movimiento se sintió con fuerza en el Chocó, el Pacífico, el Eje Cafetero, Antioquia y otras regiones, y estuvo acompañado por nuevas réplicas durante las semanas siguientes.
En el territorio, sin embargo, el impacto de un terremoto no se mide solamente en la intensidad del movimiento.
Se mide también en las distancias, en los ríos que conectan y separan comunidades, en las vías que pueden quedar interrumpidas, en las dificultades históricas de acceso a servicios y en las condiciones particulares de un territorio donde muchas comunidades dependen de la navegación fluvial para comunicarse y abastecerse.
Frente a esta situación nació una nueva movilización de solidaridad alrededor de #SOSChocó: Juntos por el Chocó, articulando organizaciones, colectivos, liderazgos comunitarios, artistas, voluntarios y ciudadanía en diferentes ciudades del país.
Won Birin Keren hizo parte de esta red desde el territorio.
La solidaridad necesita organización
La iniciativa permitió activar centros de acopio y movilizar alimentos, agua, elementos de aseo, medicamentos, frazadas y otros insumos de primera necesidad.
Pero entre recibir una donación en una ciudad y hacerla llegar a una familia en una comunidad ribereña existe una cadena logística que requiere conocimiento, coordinación y confianza.
Ahí estuvo una parte fundamental del trabajo de Won Birin Keren.
La Asociación participó en la recepción, organización, empaque, traslado y distribución de las ayudas, articulando voluntariado local y regional y acompañando el tránsito de los suministros desde los centros de acopio hasta las comunidades donde las condiciones de acceso hacían más compleja la llegada por tierra.
En el Chocó, la última milla muchas veces es un río.
Y para recorrerla no basta con disponer de recursos. Hace falta conocer el territorio, reconocer sus dinámicas y trabajar con quienes lo habitan.
Una movilización de escala territorial
La respuesta alcanzó una dimensión que solo fue posible gracias a la articulación entre múltiples actores.
+400 toneladas de asistencia humanitaria movilizada.
21 camiones de gran carga articulados desde distintos puntos de acopio hacia Quibdó.
+300 voluntarios movilizados entre las ciudades y el territorio.
25.000–30.000 personas alcanzadas por la respuesta humanitaria.
6.000–8.000 familias acompañadas.
La ayuda llegó a municipios como Quibdó, Istmina, Medio San Juan y Bojayá, además de comunidades ubicadas en diferentes cuencas fluviales.
Detrás de estas cifras hubo personas descargando camiones, organizando paquetes, levantando censos comunitarios, coordinando embarcaciones, recorriendo ríos y manteniendo comunicación con las comunidades para saber dónde estaba la necesidad.
Porque una operación humanitaria no termina cuando un camión llega a su destino.
Muchas veces, ahí comienza el trabajo más difícil.
Llegar donde la carretera termina
Uno de los principales aportes de Won Birin Keren estuvo en la llamada última milla de la cadena de ayuda.
Desde Quibdó, parte de los suministros debía continuar por agua. Camiones y embarcaciones se convirtieron en eslabones de una misma cadena, mientras los equipos de voluntariado realizaban el transbordo, preparación y distribución de los paquetes.
Esta operación también estuvo acompañada por un ejercicio de identificación y priorización comunitaria.
El conocimiento de líderes y sabedores permitió reconocer las necesidades de las familias y priorizar, entre otros casos, hogares con personas mayores, niñas y niños, personas desplazadas y familias con mayores dificultades de acceso.
El conocimiento del territorio también es infraestructura.
Es lo que permite que una ayuda no se quede en el lugar más accesible, sino que pueda continuar su camino hasta donde realmente se necesita.
La cultura también cuida
Para Won Birin Keren, la respuesta a una emergencia no puede reducirse a la dimensión material.
La cultura forma parte de la manera en que las comunidades se encuentran, se reconocen y se sostienen.
Durante la movilización, artistas y voluntarios vinculados a la Asociación acompañaron las jornadas con actividades culturales dirigidas especialmente a niñas, niños y jóvenes, generando espacios de encuentro y expresión en medio de una situación marcada por la incertidumbre.
En este contexto, el arte dejó de ser solamente una actividad cultural para convertirse también en una forma de acompañamiento comunitario.
El arte puede alimentar, pero también puede ayudar a reconstruir los vínculos que una emergencia pone a prueba.
Lo que una emergencia vuelve a mostrar
El terremoto hizo visible una realidad que las comunidades del Pacífico conocen desde hace mucho tiempo: las emergencias llegan a territorios que ya enfrentan desigualdades históricas y múltiples barreras de acceso.
Por eso, la capacidad de respuesta no depende únicamente de cuánta ayuda puede movilizarse desde afuera.
También depende de las organizaciones que existen en el territorio, de las redes comunitarias, de la confianza construida durante años y de la capacidad de las propias comunidades para organizarse.
La experiencia de #SOSChocó mostró que la solidaridad puede recorrer cientos de kilómetros, cruzar fronteras departamentales y convertirse en alimentos, medicamentos, agua y otros elementos indispensables.
Pero también mostró algo más profundo:
las redes territoriales son una capacidad que debe ser reconocida y fortalecida antes, durante y después de una emergencia.
Para Won Birin Keren, esta movilización no termina con la última entrega.
Nos deja aprendizajes sobre la importancia de fortalecer las capacidades locales, articular organizaciones de diferentes sectores y reconocer la cultura y el conocimiento comunitario como parte fundamental de cualquier respuesta territorial.
Porque cuando el territorio tiembla, las comunidades no solamente esperan ayuda.
También se organizan, cuidan, crean y construyen respuestas desde adentro.
Ese tejido es el que queremos seguir fortaleciendo.